Carmelo Arribas Pérez
La compra, y posible conversión en hotel, de unos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, vuelve a poner, en el protagonismo urbano, el llamado Palacio de la China.

La llegada del ferrocarril, y posiblemente las desamortizaciones, que pusieron en manos del Ayuntamiento y de algunos de los más importantes personajes, edificios y propiedades que habían pertenecido, a conventos y órdenes religiosas, algo no totalmente bien visto por algunos otros, como se aprecia en el cuadro de Luis Mendoza que se encuentra en el Ayuntamiento, representando la escena bíblica del Banquete rey Baltasar, que utilizó lo saqueado en el Templo de Jerusalén, y fue castigado, y que es una copia del pintor inglés, que entonces estaba de moda, John Martin, resulta una crítica de lo que podía pasarles a aquellos que se apropiaban de los bienes de la Iglesia. La desamortización produjo un mayor enriquecimiento en aquellos que ya poseían propiedades, lo que unido a la existencia de una economía mercantil, derivada del crecimiento de la población, que se duplica en pocos años, origina un cambio radical en la fisonomía de la ciudad, con edificios en los que se aprecia el gusto estético del modernismo. La Guerra de la Independencia, había dejado una ciudad destrozada y desmantelada de todo lo que tenía valor, y en las que las obras de arte existentes habrían sido robadas, por las tropas francesas, como se aprecia en la inexistencia de estas, en el Consistorio, anteriores a esta guerra. No me extrañaría que entre ellas estuviera el retrato de Felipe V, que había sido expuesto cuando su acceso al trono.
La revitalización, en este final de siglo, de la ciudad, sigue viéndose en la gran cantidad de obras que se realizan y que todavía permanecen, en la actualidad, con mayor o menor nivel de conservación. Una de las actuaciones más importantes, es la remodelación de la Plaza de España, antes llamada Plaza del Rastro, y a la que querían adaptar a la nueva fisonomía y tono de una ciudad emergente. Esta era, desde el S. XVI, el punto neurálgico de la ciudad, en la que se celebraban los mercados, y escenario de las fiestas religiosas y civiles, sin contar con que existía una fuente pública de cinco caños, para el aprovisionamiento de agua a los vecinos. Esta fuente se sustituye por una ornamental de inspiración clásica y fabricada en Lisboa. Lo que nos indica, que algo había cambiado, cuando ya no era tan necesaria como para utilizarla para los usos domésticos.
En estas fechas, se realizan en la Plaza una gran cantidad de edificios con soportales, alguna de cuyas columnas se ve que fueron reaprovechadas de los restos romanos.
Se hacen inmuebles con una arquitectura y aspecto interesante, como el que se edifica al lado del Palacio de los Vera Mendoza, hoy hotel, que fue la casa de Don Alonso Segundo Pacheco, un edificio neoclásico de tres plantas, actualmente anexionado al Palacio.
También en 1863, se comienza a proyectar la nueva Casa Consistorial, de la mano del arquitecto Manuel Villar, que se terminaría dos años después, con un estilo neoclásico, y al que se le colocaría un reloj en 1883.
Esta emergente sociedad, con inquietudes culturales, produce Sociedades, como la del Círculo Emeritense, cuya importancia les permite construir en 1897 en la Plaza, un excelente edificio, de estilo clásico, en el que algunos creen encontrar en su decoración exterior, simbología masónica. Pero sin duda, uno de los edificios más llamativos, que se encuentran en la Plaza es el llamado, Palacio de la China, mandado construir en 1928, por Bartolomé Gil, y en el que se combinan una serie de estilos, entre ellos el neomudéjar, y que es una muestra de la importancia comercial que va adquiriendo la ciudad, ya que se crea una Galería de gran éxito. La influencia de la Exposición Iberoamericana, que se inaugurará en Sevilla en 1929, se deja ver en los azulejos, en los que se plasma además de la Giralda, con el nombre del ceramista y la fecha de la construcción: “ Maestro Francisco Casado 1928”, en otra de las cerámicas también se refleja su origen “Cerámica de la Vda. De J. Mensaque” “Sevilla. Triana”. Pero quizás lo más curioso es la simbología de las figuras representadas. Quizás el nombre de Palacio de la China, fue ideado porque tenía unas resonancias exóticas, pero es que los dibujos pintados en ellos, muestran unas escenas llamativas, supuestamente representando la sociedad china, como la del fumador de opio, que se asemeja a las fotografías de los fumaderos de opio chinos, que seguramente conocería el artista que pintó los azulejos, en uno de ellos puede verse el ofrecimiento por parte de una señora, de opio, y en otro, al fumador tumbado, que ya que los efectos en una casa sobre una nube, mientras la mujer se retira, una vez ha comenzado a consumirlo.
La ciudad requería también un Mercado, y en 1889, se construyó, donde había estado la iglesia del Convento de San Francisco, y diseñado por el gran arquitecto extremeño del momento, Ventura Vaca, el Mercado de Calatrava, en honor al ilustre emeritense. Le dio un estilo neomudéjar, de moda en esos momentos, como recuperación de una cultura, la mudéjar, lo que demuestra un interés por la historia de España, ahora inspiradora de nuevas tendencias.
En esta revitalización de la vida urbana, no podía faltar, un edificio dedicado a la educación de los niños. Y en 1889, en el lugar donde se encontraba el palacio de los Duques. de la Roca, que se derriba, se construye uno de los edificios, más importantes en la España del momento, dedicado a Escuelas Públicas, el actual Colegio Trajano.
Edificios modernistas, e incluso utilitaristas, que se encuentran en diversas calles de la ciudad, dan imagen de una ciudad, de la que incluso salió uno de los arquitectos/jefe de obras más importantes del modernismo catalán, el emeritense José Pérez Pedraza.
Pero quizás de este personaje, me ocupe en otro momento.
Carmelo Arribas Pérez