LA ARQUEOLOGÍA TAMBIÉN ES TRABAJO

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Luis Manuel Sánchez González

Arqueólogo


LA ARQUEOLOGÍA TAMBIÉN ES TRABAJO, AUNQUE ALGUNOS NO LO CREAN.


Para los que nos dedicamos a esto de la Arqueología, en ocasiones es demasiado frustrante observar como parece existir la idea general de que nuestro trabajo no se trata más que de un “hobbie”. Algo que deberíamos hacer desinteresadamente, ya que es un trabajo que nos gusta.

Esta circunstancia no pasaría de ser anecdótica si no fuera porque esta idea parece ser la que prevalece en muchos otros campos de nuestras vidas, y con las que como profesionales de la Arqueología tenemos mucha relación. En muchas ocasiones, entre otras actividades profesiones, formamos parte íntegra de los “profesionales técnicos” que actúan en diferentes obras civiles, y como tal pertenecemos a esa obra mientras duren los movimientos de tierras necesarios. Es aquí donde principalmente parece que prevalece esa idea. Aunque no es la norma general, existen algunas constructoras que parecen dar la sensación de que nuestra presencia les “molesta”, sobre todo por el salario que pretenden o intentan aportarnos, muy por debajo del que se supone que por nuestra preparación deberíamos tener si nos equiparamos con otras profesiones de similar nivel académico presentes en esa obra.

De esta manera, en ciertas ocasiones nos encontramos con que si tenemos mala suerte, y por ejemplo sufrimos una avería en nuestro coche, pudiera ser que en lugar de ganancias, ese mes tuviésemos gastos.

De esta manera estamos asistiendo a un proceso de pauperización de la Arqueología. Un proceso de empobrecimiento económico de nuestra actividad que está llevando a que muchos compañeros y excelentes profesionales se vean obligados a abandonar un trabajo que les apasiona, y para el que han invertido mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Y esto, sin lugar a dudas, es debido a la poca importancia y escaso valor que la mayoría de la población la da a nuestra actividad, equiparándolo a un “hobbie”.

A ello debemos añadir los periodos de parón profesional que debemos sufrir entre el final de una obra y el inicio de otra. De tal manera, que las ganancias que obtenemos de un trabajo, lo podemos perder si se alarga demasiado este periodo de inactividad, ya que nuestra actividad se desarrolla a partir de permisos administrativos en los que no se nos permite desarrollar nuestro trabajo en otras obras o actividades arqueológicas que no pertenezcan al proyecto al que tenemos adjudicado nuestro nombre.

Estas circunstancias podrían evitarse si las administraciones pusieran más de su parte. Estableciendo por ejemplo una partida mínima para Arqueología dentro de cada proyecto que se equiparase a las de otras profesionales técnicas dentro de este. O permitiendo a los profesionales arqueólogos desarrollar su actividad en otros proyectos cuando en el que esté actuando sufra un parón. Porque si las circunstancias de nuestro trabajo siguen con las condiciones actuales, la Arqueología acabará siendo un verdadero “hobbie”, al que tan sólo se podrán dedicar aquellos que dispongan de una capacidad económica que se lo permita.

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