Amigos de Mérida




Pronto se cumplirán veinte años de la demolición del cuartel de artillería Hernán Cortés. El gran solar que dejó el derribo se cubrió parcialmente con el actual Museo Abierto de Mérida y el aparcamiento aledaño, dejando atrás un amplísimo espacio que se muestra hoy como una enorme postilla creada por una herida sin curar convenientemente.

Emeritenses y visitantes se encuentran, en pleno centro de la ciudad, con una valla metálica infinita y eterna que deja ver un descampado en el que crecen libremente hierbas de todo porte. Una vista poco elegante para una ciudad que se precia de vivir del turismo y, por lo tanto, de la imagen que damos al exterior. Quizás sea ocioso resaltar que, si bien no resuelve la situación del solar, hubiese sido posible cubrir dicha valla con una lona opaca, como suele hacerse cuando se rehabilitan edificios históricos, que, a la vez de ocultar el salvaje interior, mostrase impresa cualquiera de las bondades de nuestra capital.

No han faltado propuestas de uso en estas últimas décadas para tan apreciado emplazamiento. Desde la ubicación de centros comerciales hasta aparcamientos públicos.

Hace más de tres años y medio, en una de las primeras propuestas realizadas para la ciudad por la Asociación Amigos de Mérida, se propuso el adecentamiento y uso del solar dejado por el Hernán Cortés. La propuesta de la asociación contempla la creación de un parque botánico con especies autóctonas.

Son varias las virtudes de esta propuesta. La inclusión de especies arbóreas de la región permite la divulgación de nuestro patrimonio natural, cada vez más amenazado y desconocido por una amplia capa de población. Es una propuesta respetuosa con el medio ambiente, ya que su biología está adaptada al clima y no requiere de un uso excesivo de recursos hídricos. Además, es económicamente viable y crea una isla verde en el centro de la ciudad al unirse con el parque López de Ayala.

Recuperar esta localización para Mérida supone cerrar un interesante circuito turístico que comprende la zona del teatro, anfiteatro y museo; el templo de Diana, la Alcazaba, plaza de España, puerta de la Villa y vuelta al teatro por el Hernán Cortés.

Dos son los problemas importantes que han dificultado la puesta en valor del solar dejado por el emplazamiento militar. El cuarteo de la propiedad ha supuesto un problema para que el consistorio obtuviese la propiedad del solar. Parece que este problema se encuentra en vías de solución. La segunda dificultad viene de la existencia de restos arqueológicos en su seno. La propuesta del jardín o parque botánico es completamente respetuosa con dichos restos y, además de respetarlos y protegerlos, permite su puesta en valor.

Se le ponga el nombre que se desee (jardín botánico autóctono, ciudad de los niños y de las niñas, parque Hernán Cortés o cualquier otro), Mérida necesita recuperar un espacio que daría a la ciudad aire y luz, frescor y vida. Son muchos años de promesas incumplidas y de patadas hacia delante de un balón ya viejo y deshinchado. Es hora ya de remover la costra de la herida dejada por el abandono del ejército de un lugar que llegó a ser, antes que cuartel, escuela municipal y que ahora destila el desagradable olor de la desidia.

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