Fran Medina Cruz


Decía Manuel Belgrano “Los países civilizados no exportan materia prima sin antes transformarla localmente, de lo contrario estarían creando ocupación en el país comprador y desocupación en el país vendedor”.

Esto viene a cuento por las noticias de reciente publicación sobre la “fabrica” que la compañía Diamonds Foundry, propiedad del actor Leonardo Dicaprio, instalará una fábrica en Trujillo. Recordar que la localidad cacereña cuenta con tal cantidad de sol y energía fotovoltaica que para los responsables han resultado factores determinantes para que finalmente sea el enclave elegido. Sol no nos falta en Extremadura, y mano de obra tampoco.

No hace mucho tiempo que hablábamos de la minería del Litio, un mineral clave para el futuro de las fabricas de baterías y demás tecnología en referente a la energía eléctrica. Todo parece indicar que nuestra tierra, si ponemos inteligencia empresarial sobre ella, nos va a dar alguna que otra alegría de futuro. ¿O no? Y la historia me da la razón. Ya con la nefasta decisión de no dejar abrir la central de Valdecaballeros sufrimos como contrapartida el desenchufe de la explotación industrial sobre nuestras tierras, y de eso bien saben los viejos políticos extremeños.

Pero la historia parece darnos una segunda oportunidad, solo necesitamos que, esta vez no quede en aguas de borrajas toda una industria que se puede crear, no solo de la extracción y producción de materias primas sino en la posterior transformación como producto final. Como decía, y vuelvo a nombrar a Manuel Belgrano, “no vendamos cuero, vendamos zapatos de cuero”.

Actualmente Extremadura cuenta con una industria basada en el sector corchero. Una industria agroalimentaria del tabaco, embutidos, productos cárnicos y frutales (Plasencia, La Vera, Alburquerque y sur de Badajoz). La industria siderúrgica y cementera, (Jerez de los Caballeros y Zafra) venida a menos. La industria química: producción de abonos (Badajoz, Cáceres, Logrosán y Cañaveral). Y todo a pesar de la deficiente vía de comunicación (ferrocarril) con el resto de España, puertos principales, etc. Y una escasa infraestructura. Una industria de pico, pala y azadón, prácticamente.

Si se logrará cambiar este panorama empresarial, solo depende de nosotros, de nuestras virtudes, de nuestra iniciativa, y sobre todo de nuestro saber elegir políticas acordes a éste siglo que, parece escaparse de entre las manos.

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