Cristina Martín Sánchez

Concejala del grupo Municipal de  Ciudadanos en el Ayuntamiento de Mérida


En estos últimos días nuestra Región, y toda España, se ha visto inundada por el sentimiento nazareno. Nuestras tradiciones más seculares, transmitidas de generación a generación, volvieron a ser las protagonistas de una de las mayores muestras de religiosidad popular de la humanidad.

Después de sufrir el confinamiento impuesto por las consecuencias de la pandemia que tan duramente nos ha sacudido durante dos largos años, nuestras Vírgenes y Cristos han salido de nuevo a las calles para recuperar esa forma tan especial de vivir y sentir nuestros pueblos y ciudades.

Este año hemos recuperado de nuevo la espectacular explosión de los colores de las túnicas de los nazarenos, de los olores de inciensos y flores que adornan los tronos, así como los sonidos musicales que acompañan el paso de imágenes y el peregrinaje de los penitentes.

Los conjuntos escultóricos que escenifican la Pasión y Resurrección de Cristo, volvieron a transmitirnos esa especial emoción cuando los contemplamos caminando por nuestras plazas y calles. La belleza de la imaginería volvió a despertar esa sensación entre los miles de nazarenos y espectadores, despertando sentimientos en todos los corazones, las calles se convirtieron, con más intensidad que nunca, en un escenario lleno de cirios, nazarenos, costaleros o mantillas, que salieron una vez más dispuestos a recuperar el tiempo perdido.

Las Cofradías Pasionarias de pueblos y pedanías han protagonizado una de las mayores manifestaciones populares de nuestra Región, que junto con las Cofradías de Semana Santa, no solo se han dedicado a mantener y custodiar un excepcional patrimonio artístico-religioso, sino que desde hace años están intensificado su actividad asistencial para ayudar a los más necesitados, supliendo en muchos casos la carencia de ayudas públicas.

Son tiempos difíciles, no solo por la pandemia o esa guerra sin sentido que está golpeando de forma muy virulenta a los más vulnerables y que amenaza con colapsar nuestro estado de bienestar, sino también por aquellos que desde un laicismo mal entendido quieren ahogar la historia de todo un pueblo.

Las Hermandades integran a todos sin distinción de origen, capacidad o función en una necesaria actividad social y religiosa. También facilitan la incorporación de hombres y mujeres en una noble actividad asistencial y religiosa.

La Semana Santa transmite los valores de una sociedad que no quiere perder sus señas de identidad ni historia, difundiendo la imagen singular de cada uno de nuestros pueblos. Por eso, en los últimos años se han incrementado el número de cofradías o hermandades en barrios y municipios incorporando a toda una generación de jóvenes que aseguran la continuidad.

Tal y como se esperaba, este año se produjo con renovada ilusión la vuelta de las procesiones a las calles para poder sentir de nuevo esa manera especial de vivir, la que, para muchos, es la Semana Mayor del año.

La Semana Santa 2022 se ha convertido en el mayor exponente de la necesidad de paz y contribuya a recuperar la ilusión y esperanza en un mundo mejor. 

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