ASÍ HABLÓ PELÍN

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Rafael Angulo

Periodista


Acá, paisanos, pasan cosas. Alguien tendría que hacer algo, porque en el triángulo mágico que se forma entre las calles Octavio Augusto, Cabo Verde y Pontezuelas se oyen voces, se ven bultos, se vislumbran fantasmas…eso en condiciones normales, no quieras saber lo que ocurrirá el día que cambie la climatología, cierre el Enrique o el Chinche se dedique, en cuerpo y alma, a la metafísica, actividad para la que está sobradamente preparado. La otra noche, cuando cargado con dos bolsas de basura me dirigía hacia los contenedores, estratégicamente situados entre el Silo y Aprosuba, observé a una triste figura que esperaba fumándose un Celtas cortos sin boquilla. Carraspeó al vérseme acercar y esa tosecilla, junto al arrastre bucal y las volutas de humo recio conformaron un siseo inconfundible. “¿Qué llevas ahí?”, me espetó la sombra. “¿Y tú quien eres?”; “Rafa, soy yo, el Pelinxxxs.. “(pronúnciese cargando sobre la equis). ¡Era el Pelín!, ¡Leyenda somnolienta de santo bebedor!, ¡erudito investigador sobre la retención de tintorro en cuerpos etéreos!, “Caramba, Pelín, me alegro de verte, te echaba de menos por la barriada..”, “Ya, ya, cómo ahora te codeas con otros fantasmaxxs..” me respondió enojado, seguramente aludiendo al lugar donde trabajo o a los colegas de profesión y emisión con los que me codeo. “Bueno, hombre, entre nosotros no nos vamos a pisar las sábanas” intenté justificarme”, ¿Y que te trae por aquí?, “Verte sin verte, o sea a bulto, pero ¿qué llevas ahí?”, “He encontrado por casa unos cuantos calcetines sin pareja y para que no anden dando tumbos los voy a tirar a la basura, ¿tú sabes Pelín donde van los calcetines que se pierden?”. “Si, claro, los tenemos allá en el otro mundo, donde en vez de infierno yo encontré la gloria, en esa nube de la memoria que me trae a ti, metidos en un gigantesco baúl duermen todos los calcetines sin pareja que en el mundo han sido”. “¡Atiza, de haberlo sabido antes se lo hubiera dicho al Zapa o al Andrés!”. “¿Los de la Marara?”, “Sí, claro, también los escuchas arriba?”. “Por supuesto, menuda afición tienen allí, entre la Mártir y el Miaja cuando llega febrero, la música, que abajo amansa a las fieras, arriba enciende las almas y están todo el tiempo que si el encanto especial, la gente alucinante, vamos que lo de ser mararo perdura mas allá de la muerte, es como ser emeritense por los siglos de los siglos, aménxxs”. ¿Y a ti Anguloxxs desde cuando te dio por la Marara?. La pregunta del Pelín me hizo recordar: Debió ser el año en que el Miaja se fue a cantar mas alto, aunque no más claro, cuando tomó cuerpo (emeritense) la firme convicción de que ser mararo no es una pamplina carnavalera sometida a los vaivenes mudables del tiempo, las circunstancias, el concejal de tuno o tuna y las imponderables circunstancias vitales, tipo embarazo, hipoteca, paro o salida del armario. No señor, ser de la Marara es in saecula, saeculorum. una peculiar fimosis, que duele pero cuyos efectos se mantienen a lo largo del tiempo. Cierto es que es te dejas trozos de piel, pero compensa, ¡vaya si compensa!. Los lagrimones en el escenario y las lágrimas por dentro, o viceversa, ante la ausencia de los que no están eran un signo, un símbolo y un emblema, serio, de un grupo humano alegre, unido, cachondo y cantarín, que tiene espinas, como las rosas pero al que no conozco ningún cardo entre sus filas.

“Joder, Rafa que trascendente te has puestoxxxs”, me dijo el Pelín que, dada su condición y estado tenía la facultad de leer los pensamientos e incluso ampliarlos, por eso mismo le dije: ¿Y a ti que te parecen?. “Pues que relajan, acompañan la melancolía, ahuyentan la tristeza, generan alegría, serenan el espíritu, transmiten energía, disminuyen la ansiedad, incitan al baile, integran a la ciudad y hacen reflexionar, con eso de que a todos nos han cantao, una noche de carnavales, coplas que nos han matao (A todos menos a mí, que ya estoy muerto)”; “Pelín, eres lo mejo de lo mejon, ni mi primo el de las Tesoro mejora eso, ¡cómo vamos!”. “Vamos de coro, del coro al cara y del cara al coro, y este año con el viento de cara por otros años que hemos ido de…tú ya sabes, Angulo…”. “Vaya, esta vez no terminas en equis, ¿por qué?. Porque asín, asin cantó la Marara.

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