EL MERCADO DE CALATRAVA Y MAQUIAVELO

publicado en: ANTONIO VÉLEZ SAAVEDRA | 0
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Antonio L. Vélez Saavedra

Siex Mérida


Todo el mundo conoce la famosa frase atribuida a Maquiavelo, esa de que el fin justifica los medios. Viene a decir que cuando el objetivo final es importante, cualquier medio para lograrlo es válido. Esta frase se emplea para evadir cualquier acto o vía que contiene inconvenientes de tipo ideológico o ético, pero que acarrean un fin presumiblemente bueno.

Y viene creo al caso con la remodelación del Mercado de Calatrava, donde el fin bueno es el que todos los emeritenses sin excepción queremos, que no es otro que ver al deteriorado edificio recuperar su mejor aspecto, ya sea con su clásico formato comercial, o el previsto comercial/hostelero, o con un uso de tipo cultural, lo que en cualquiera de los caso resultaría muy positivo para la ciudad, tanto desde el punto de vista de la vida diaria como para los que nos visitan.

Ahora bien, dado que el ayuntamiento según parece no dispone de medios, o en este caso recursos económicos suficientes para realizar la rehabilitación oportuna, se plantea como única posibilidad recurrir a capital privado. Se cambia entonces el dinero del que no se dispone por tiempo de concesión del espacio de propiedad pública para su gestión privada, tiempo que se eleva nada menos que a 40 años.

40 años es aproximadamente el tiempo desde que se realizó la última rehabilitación del edificio, tiempo durante el que se ha dejado morir un espacio único, en pleno corazón de Mérida, que de haberse mantenido no estaría en una situación tan deficiente, y estaríamos hablando en otros términos y no justificando una solución de este tipo.

Llegados a este punto se pretende tomar el camino más fácil para la Administración, la privatización, ese modelo tan habitual a la hora de suplir la poca solvencia económica, administrativa, o política para recurrir, al final, a alguien presumiblemente de fuera para que se haga cargo del Mercado, para solucionar los problemas que nosotros mismos no hemos sido capaces de resolver.

Pero no debería presentarse dicha privatización como un mal necesario, sin antes proceder a gestionar y buscar los recursos públicos – como han hecho otros ayuntamientos – para reformarlo y ponerlo en funcionamiento, desde la defensa de los intereses de la inmensa mayoría. Es exigible poner prudencia en la decisión a tomar, evitando cantos de sirena y precipitaciones con apariencia de remedio mágico. De lo contrario estaríamos cayendo en una actitud poco reflexiva, optando por lo que creemos nos va a proporcionar mayor felicidad a corto plazo, sin pararnos a pensar sobre si eso es lo que más conviene o si es la mejor solución de futuro.

40 años de privatización que exigen al menos un debate, por tratarse de un espacio de tiempo que va mucho más allá de una legislatura, el mismo tiempo que llevamos de democracia o que duró la dictadura en este país. Las decisiones que hipotequen los servicios o bienes públicos no pueden ser unilaterales, y deberían estar al menos respaldadas por una mayoría representativa del pleno municipal, ya que trasciende de largo la propia legislatura, por lo que no debería asumirse por un solo grupo, el que gobierne en ese momento.

Seguro que hay más opciones para evitar un plazo tan largo, por ejemplo plantear una opción publico/privada, o quizás que el ayuntamiento renuncie al canon que se le va a cobrar anualmente a la empresa que gestione el Mercado (85.000€ según la prensa). De este modo se acortarían los plazos de concesión, y no se hipotecarían las posibilidades que pueda ofrecer el día de mañana este espacio, ya que si no se puede disponer de él, difícilmente podrán obtenerse los beneficios que se pretenden con su rehabilitación. Me explico, es como si a nivel particular tuviéramos una vivienda o un local que necesitáramos reformar para darle uso, pero como no disponemos de recursos para hacerlo, se lo ofrecemos a alguien para se encargue de ello, y una vez realizada la reforma se queda con el inmueble prácticamente en propiedad. En mi opinión no parece que tenga mucho sentido y, desde luego, no parece una buena política de gestión de los recursos propios el deshacerse de ellos.

Volviendo a la frase inicial y vistas las condiciones temporales de la concesión, para el Mercado de Calatrava se cambian los enunciados, y el medio pasa a ser la remodelación prevista, y el fin no lo conoceremos hasta dentro de 40 años, lo que es difícilmente justificable.

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