Cristina Martín Sánchez

Concejala del grupo Municipal de  Ciudadanos en el Ayuntamiento de Mérida


La solidaridad es un sentimiento de unidad que nos mueve a dar sin esperar recibir nada a cambio. Se trata de la base de muchos valores humanos que hemos adquirido desde la infancia y que van formando aquello que somos finalmente: lealtad, compañerismo, empatía, amistad, amor, respeto…

Ya en tiempos de nuestros antepasados griegos y romanos tenía un valor importantísimo, y como dijo Séneca: «No hay bien alguno que no nos deleite si no lo compartimos ´´.

En estas fechas señaladas, existen muchas costumbres que se realizan por motivo de la Navidad, y una de las más bonitas es la de dedicar bonitas palabras y nuestro tiempo a seres queridos y amigos, con ello, deseamos lo mejor, manifestamos nuestro aprecio y hasta ofrecemos o pedimos perdón, pues la Navidad es la fiesta del amor y tiempo en el cual no hay espacio para malos sentimientos.

Siempre es bueno reflexionar un momento sobre lo que venimos haciendo durante el año, sobre todo si nuestros actos nos han llevado a veces a un desentendimiento con la gente que nos rodea, con las personas que en el fondo sabemos que queremos y que nos quieren. Por ello es bueno que en Navidad nos demos una oportunidad de parar un minuto, y pensar.

Debemos darnos cuenta de que cuando quieres y ayudas a los demás, te estás ayudando y queriendo a ti mismo.

Sabes que cuesta lo mismo servir, ayudar y apoyar a la persona que lo necesita que el no hacerlo. La diferencia solo está en la intención y la disposición que uno tenga ante la forma de vivir la vida.

Ayudar a las personas, brindar apoyo, cooperar con las organizaciones, etc., son actos buenos que mejoran la calidad de vida de muchas personas. Pero más allá de ser una buena acción, estos actos benefician directa e inmediatamente a la persona que los realiza.

Una palabra de aliento a una persona que se siente sola o triste, una comida casera preparada, una sonrisa, hacer compañía, así como cualquier otro gesto de apoyo a una persona necesitada puede cambiar la perspectiva de la vida de cualquier persona; y sin buscarlo, esta acción termina ayudando a ambas personas.

Cuando uno se involucra con el fin bueno y sincero de ayudar a los otros por gusto y con la pura intención de dar sin esperar nada a cambio, surge un sentimiento de satisfacción y hasta de encanto que nutre y enriquece inmediatamente el alma. Las capacidades personales se mejoran y la sensibilidad se afina logrando que finalmente todos salgan beneficiados.

Siempre que uno da no se queda con menos, al contrario, se le multiplica y se enriquece, una regla matemática difícil de explicar. El dar es un acto que carga de energía positiva a las personas, además de traer luz al mundo que vivimos con estos pequeños actos ( y a la vez tan grandes ).

Hazte a ti mismo esta pregunta y reflexiona, ¿Cuándo fue la última vez que ayudaste a alguien cuando lo necesitaba ?

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