Juan Carlos Perdigón


Vaya por delante que ni por asomo tengo conocimientos detallados de la historia del descendedero del Bimilerario Puente Romano de Mérida. Conozco, lo mismo que sabe la mayoría de la gente que aprecia esta ciudad, lo típico de … los metros que tiene el puente, que si es el Puente Romano más largo del mundo que se mantiene en ese estado de conversación y dos o tres historietas más, que no sé si es historia o “bulo” (que ahora está muy de moda la palabreja y la persecución de la misma).

Tampoco soy ducho en diseño, decoración, ornamentación, ni ningún arte que me convierta en erudito o persona con sumo gusto en esos temas.

No sé cuando se construyó el descendedero, no sé si fue con la construcción romana del puente o fue a posteriori, ni tampoco quien lo hizo, en el caso de que fuese a posteriori, no sé si es Romano, Visigodo, Árabe, Mozárabe o de Reformas Pepito.

Tampoco sé, si en algún momento se han llevado a cabo obras de mejora del firme, si se ha modificado el trazado, si antes tenía sólo tierra o los bolos se pusieron después. La verdad es que no sé nada del dichoso descendedero.

Pero si que se dos cosas, una al menos la comparto con muchos ciudadanos que, incrédulos con la solución, han puesto voz en grito cuando han visto el “esperpento”, porque …. discúlpenme las autoridades, eruditos y cerriles en la materia, hay veces que el mantenimiento al milímetro de la construcción original, en sí, es un esperpento, máxime si, según tengo entendido, el descendedero fue construido a posteriori. Si es así, lógicamente quien lo llevara a cabo, no tendrían a su disposición los materiales que mantuviesen un decoro y continuaran con la línea constructiva del conjunto, o simplemente ni se pensaba en eso, más allá de una solución para una necesidad existente en aquel momento.

Tampoco soy de los que creen que hay que hacer una restauración completa de un monumento o yacimiento como si fuese de nuestros días, véase el Teatro Romano de Sagunto o el Templo de Hatshepsut.

Pero si que creo que se puede hacer infinitamente mejor la obra del descendedero, aunque no siga al pie de la letra la construcción original del dichoso descendedero, por lo que ya he explicado antes, y darle un sentido global a este pedazo de historia. ¿Me van a decir que sería chirriante o fuera de lugar, haber puesto unos adoquines?, el puente los tiene y no creo que así fuese originalmente el puente, pero no desentona, pues en el descendedero tampoco hubiese desentonado. ¿Porqué no un hormigón impreso que le diera cierta similitud y orden para que estuviese acorde con el resto del monumento?

En definitiva, a veces somos tan puristas que convertimos algo bonito en un Ecce Homo de Borja. Y si aplicamos los criterios que ha esgrimido el Consorcio antes las críticas, pues en el Teatro Romano se podrá poner también ese material con base caliza pigmentada en los sillares del graderío para diferenciar lo antiguo de la nueva construcción ¿no?, o ¿lo dejamos como está?, con esa imitación de sillares hecha en fibra … estamos todos de acuerdo con la idea de mantenerlo con esos elementos contemporáneos que imitan a lo antiguo, ¿verdad?.

Y la segunda cosa que se y que no se si el resto de los emeritenses lo saben, es el cálculo que han realizado varias empresas especialistas en proyecciones de obras similares sobre el coste real que puede conllevar esa obra, incluyendo los costes del material, el transporte, la mano de obra, el beneficio industrial y el IVA.

Permítanme, señores eruditos y políticos, que dude manifiestamente de que el coste de esa actuación haya sido de más de 46.000 euros, permítanme, señores eruditos y políticos, que dude manifiestamente de que el coste de esa actuación haya supuesto, realmente, algo más de 24.890 euros.

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