Cristina Martín Sánchez

Concejala del grupo Municipal de  Ciudadanos en el Ayuntamiento de Mérida


Desgraciadamente, creo que tanto la sociedad como la política, están llenas de gente sin personalidad que hacen, dicen y van donde se les ordena, cuando se les ordena. El espíritu crítico se encuentra en peligro de extinción. El comportamiento conformista tristemente inunda la forma de pensar de las nuevas generaciones, y cada vez más nos encontramos a gusto siguiendo la corriente de las mentes sectarias. Es por esto, que necesitamos más gente que diga lo que piensa porque si no la sociedad en su plenitud terminará pensando cómo actúa.

Pero quiero creer de dentro de algo malo, siempre derivan cosas buenas, y para mi esas cosas buenas, son las personas valientes que arriesgan sabiendo que pueden perder, y aun así se lazan con todo. Un valiente arriesga, elige, toma partido, se hace responsable y crea su destino. Es el «míster´´ de los optimistas, pues no solo ve lo bueno, sino que lo persigue sin negociar. Una persona así solo puede hacer tu vida más rica. El valiente sabe que existe el miedo y el riesgo, pero cree más en la conciencia de que hay algo superior por lo que merece la pena arriesgar.

Yo, soy muy afortunada, pues me he rodeado siempre de estas personas que han sacado muchas cosas adelante aun cuando todo a su alrededor no estaba de su parte. He visto como se empieza de cero, como se reaprende un deporte tras romper algunas partes de un cuerpo, he visto como se trabaja meses y meses sin cobrar para poder acercarse a un sueño y he visto evolucionar una mente que creía encontrarse en un túnel sin salida. Puedo decir, que he encontrado a un valiente.

Mi valiente no se queda parado ante la duda pensando en lo que pierde o en lo que renuncia, sino que ve en ti una victoria y ganancia suficiente como para no tener que mirar atrás. No se echa a un lado pensando que siempre puede venir algo mejor, porque acepta que el mundo es imperfecto, que tú lo eres, que los dos lo sois. Sabe que lo importante no es ni la realidad, ni lo que hay, sino lo que podéis llegar a crear, y para eso no hace falta ser perfectos, hace falta ponerse manos a la obra.

Mi valiente, deja las decisiones racionales, las deja para el ajedrez y los tipos de interés, nunca para sus sueños. Nadie se hizo rico apostando en pequeñas cantidades.

Mi valiente no entiende la estúpida forma que tiene la sociedad de valorar el éxito o el fracaso, la pérdida o la ganancia, pues cree que no se le puede exigir nada a alguien que lo ha dado todo y que lo único que verdaderamente se puede perder en la vida no es una pareja, un partido o un sueldo. Él sabe que lo único que verdaderamente se pierde en la vida son oportunidades.

Y no le gusta perder ni al parchís.


«No existe hombre tan cobarde como para que
el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe»
-Platón-

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